Correr. Desparecer del mundo para ser olvidado. No afrontar los momentos que cada instante encierra el tiempo. Sólo estar cuando el viento es favorable. Arroparse empequeñecido por las circunstancias. Sentir la triste soledad de la mentira. Y vivir con ello. Correr como un cobarde. Desaparecer del mundo para no ajustar cuentas con el presente o el pasado. Diluirse en la existencia ahogado por la cobardía. Y morir con ello. Amaneceres nunca puede escapar de su destino. Al alba es cuando despierta y a los segundos, muere. Y vuelve a resurgir valeroso cada 24 horas. Amaneceres nunca quiso escapar del presente, no anhela el pasado ni sueña con el futuro. Amaneceres recibe al devenir para fundirse con él, como hermanos. Hay vida detrás de la vida. Y muerte detrás de la muerte. Amaneceres quiere que hoy luches por tus objetivos. Levanta la cabeza y avanza con paso firme. En el camino encontrarás el premio, la meta es sólo el final para empezar de nuevo. Y después abrirás los ojos y la mente, y respirarás del tiempo. Y En él encontrarás la plenitud. La travesía es larga hasta el principio. El mar no tiene un final concreto.
¿cuestiones menores?
In actualidad on Julio 24, 2009 at 1:43 amAmaneceres siempre recuerda lo hermoso de la libertad. Fluir por el paisaje sin molestar a ningún elemento del cuadro. Con respeto. Con los últimos acontecimientos ocurridos se ha vuelto a abrir el debate sobre el grado de responsabilidad que los menores tienen en sus actos. El tema, complicado por la cantidad de variables que juegan en la personalidad de un adolescente, no debe guardarse en el cajón y silenciarse por ser non grato para el statu quo de la elite gobernante. Afrontar los debates importantes que se manifiestan debe ser una decisión inquebrantable para una sociedad democrática que se ajusta a la realidad cotidiana del ciudadano. Y los políticos deberían ser los primeros en dar respuesta a los acontecimientos que se derivan del día a día. Aunque casos tan escandalosos como los de Baena e Isla Cristina no se producen a diario, ejemplos de la impunidad que los jóvenes delincuentes gozan en el actual sistema penal sí pueden demostrarse fácilmente en los archivos y en el trabajo actual de los juzgados de menores. Educar en la falta de consecuencias es un error que ninguna sociedad contemporánea debería cometer. El indiscutible axioma acción-reacción ya se enseñaba en Grecia. Ahora, dos mil años después, quieren romper este binomio inquebrantable en aras de la inocencia de la edad. El nihilismo de las sociedades actuales corre el peligro de volverse contra la misma convivencia del sistema. Tal vez así lo predijo Nietzsche. El mensaje ambiguo de la relativización es una enfermedad para una sociedad abocada al fracaso. La identidad pública de las naciones, el saber hacia donde se dirige, es un objetivo que debe aclararse y respetarse en la convivencia diaria. Siempre habrá personas que jueguen a saltarse las leyes. Ese es un trabajo tan antiguo como el trabajo más antiguo del mundo. Sin embargo, para éstos que juegan a ser malos, y que a veces lo consiguen provocando un daño irreparable en las familias de sus víctimas, el peso de la Justicia debería caer sobre ellos con la fuerza ciega de la falta de remordimientos. No juguemos a menospreciar la mente humana. La diferencia entre bueno y malo es un aprendizaje despejado en el adolescente de 14 años. Aunque mi convicción más fuerte se basa en la necesidad de que el joven encuentre una primera educación en casa, no cabe duda que la reeducación es una vía necesaria a posteriori para la reinserción de los menores. Aún creo en el trabajo profesional para enderezar el rumbo de una mente despistada del mundo. Sin embargo, este trabajo profesional de nada sirve si el menor no asume un compromiso de voluntad para aprender a fluir, sin faltar al respeto, sobre la libertad de los individuos. Por eso parece necesario el endurecimiento de las penas en crímenes que atentan contra la vida y la libertad sexual. Porque el binomio inquebrantable acción-reacción ya se enseñaba en Grecia. Hace más de 2000 años. ¿Quién es la sociedad actual para permitir ir en contra de esta realidad incontestable?
In sevilla on Julio 1, 2009 at 11:19 pm
La construcción de un rascacielos ha conseguido que los sevillanos medio despierten de su letargo. Seguramente ya es demasiado tarde para recuperar una ciudad que ha estado mucho tiempo a la deriva, sin una voz autoritaria y con liderazgo que no permitiera la violación a la que Sevilla ha estado sometida durante ocho años. O tal vez algunos más.
No vamos a hacer aquí una cronología de las obras inoportunas que se han ido acometiendo durante el mandato de Monteseirín, aunque cabe recordar las 3 construcciones tan fabulosas que ha puesto en marcha; las Setas, el Tranvía y la Torre Pelli.
Que la Unesco y la Comisión para el Patrimonio de este organismo se vaya a pronunciar sobre el efecto que un rascacielos puede provocar en el paisaje sevillano no debe ser ni si quiera una referencia para el sevillano que ame su ciudad. ¿Dónde estaban esta gente cuando se violó de manera tan escandalosa la esencia de la avenida de la Constitución? ¿Dónde se metieron estos expertos cuando un capricho del Ayuntamiento menospreció sin escrúpulos el eje Catedral-Archivo de Indias-Real Alcázar que ahora defienden y recuerdan que es Patrimonio de la Humanidad? El tranvía, ese gusano que discurre con paso metalizado por la Historia de Sevilla, costó a la ciudad algo más de 90 millones de euros, y lo peor es que el gasto no se queda únicamente ahí, pues después de la novedad toca mantenerlo.
Es difícil darle credibilidad a un organismo que no alzó la voz para denunciar internacionalmente una obra que ha derivado en una pérdida tan irreparable del encanto del casco histórico de hispalense. Ahora, cuando es el techo de Sevilla cuando está en peligro (la Torre Pelli tiene más altura que la Giralda) estos mentecatos del paisaje inundan los periódicos con mensajes alarmistas.
Sevilla es la Giralda, y el resto de monumentos históricos no cuentan. Ahí está la denostada Plaza de España, o los jardines “universitarios” del Prado, o la modernísima Plaza de la Encarnación. Que jueguen con Sevilla cuanto quieran, pero que no le toquen la Giralda.
Pon un rascacielos en tu vida. O en tu ciudad. Al menos conseguirás que el debate en la opinión pública de tu municipio sea una satisfacción, y una realidad. Es curioso ver como los detractores de la Torre Pelli se quedaron callados hace tiempo ante la inutilidad del tranvía. Pero ahora todo es diferente, pues ahora, cuando vengan de sus vacaciones estivales en Matalascañas, cuando entren a Sevilla por Castilleja, el paisaje que se verá no será el mismo. ¿Para qué quieren los sevillanos un centro histórico o una Plaza de España bien arreglada si no la utilizan?
Los sevillanos se conforman con que al entrar en Sevilla puedan ver, orgullosos, a la Giralda. Ya son demasiados años en los que Sevilla ha estado ninguneada por la Administración. Es verdad que una ciudad debe adaptarse a los nuevos tiempos, pero Sevilla no es una ciudad nueva y precisamente esa es su virtud más mágica. Recorrer las calles del barrio de Santa Cruz es respirar el pasado. Es vivir de un tiempo que ya no volverá.
Ahora los sevillanos se levantan ante la construcción de un espantapájaros de ciento ochenta metros cuando hace pocos años a Sevilla le hicieron una herida de un kilómetro. La ciudad que queréis es la que tendréis.
Yo, al paso que vamos, solo espero morir pronto para no volver a contemplar impotente un crimen tan silenciado como el cometido con la avenida de la Constitución. Tal vez los sevillanos se lo merezcan, por haber sabido defender lo que les pertenece ante un Consistorio que no se siente parte de la Sevilla histórica.